Tal como anticipáramos la semana pasada, el profesor Möguens Jacobsen, catedrático de la Universidad de Helsinki, ha descubierto nuevos documentos relacionados con la historia de la nación Ragnarok. En su paso por Berlín disertó en la Nationale Akademie der Geschichte ante un importante número de investigadores.
Der Spiegel, en exclusiva, tuvo acceso a una epístola enviada por Otón, obispo de Holding, al rey Audra de Frisia en la que describe algunos ocontecimientos ocurridos durante el período denominado "del sexto Thing". Jacobsen a titulado a esta colección de documentos "La sangre del Sexto Thing". Va aquí entonces, la segunda entrega.
Oton, obispo de Holdig, barón de Horsens a Audra, rey de los frisones, Señor de Friesland, salud.
Me
precipito a enviaros, sin demora alguna, las luctuosas noticias provenientes de
las comarcas del norte según nos las informa su Excelencia Reverendísima, Rabano,
el obispo de Fulda.
La
desolación más amarga se ha venido a apoderar de aquella tierra, habitualmente
sometida a las brutalidades de la chusma vikinga. Nos dice nuestro obispo que
la guerra se expande sin freno, de comarca en comarca, y que las nieves que por
esta época del año debieran cubrir con su blanco inmaculado las praderas,
parecen ahora alfombras rojas, salpicadas por la sangre de incontables cadáveres
convertidos en pasto de los cuervos.
Esta
desgraciada conflagración entre salvajes, iniciada por Pulgoso el Africano, ya
dejó de ser una de las habituales reyertas entre jefes pendencieros para
convertirse en guerra abierta que amenaza a las buenas gentes y al cobro de
nuestros impuestos, pues los campos han sido arrasados, las cosechas quemadas,
las reses robadas para alimento de los tropas y los siervos obligados a la leva,
de modo que todo el país del norte arde en la pira del Maligno.
Jamás
hemos vistos tantos bárbaros abocarse a la matanza. Hasta hace una semana los
vikingos parecían cercados en sus madrigueras, mientras la tribu de los leones
se paseaba por el campo de batalla sembrando la confusión entre los norteños.
Tal era el desconcierto que algunos presagiaban el fin de la era de Ragnarok.
Lo
cierto es que entre los vikingos ha aparecido un tal Blizz, apodado el “español”,
del cual hasta ahora no teníamos mayores noticias pero que ha logrado organizar
a los salvajes. Hasta la llegada de este Blizz la confusión era tal que ya
nadie sabía qué plaza estaba asediando, ni si el enemigo era tal o era cual.
Así es que los infelices no solo morían por la acción del enemigo sino por la
propia. Hasta los mensajeros habían perdido la razón y entregaban mensajes
contradictorios, a veces a destiempo, cuando no al enemigo.
Pero
las cosas parecen haber dado una vuelta de campana desde que “el español” los
ha puesto en vereda. Parece ser que con sus berkersers, consumiendo algún tipo
de planta alucinógena que les dilata las pupilas, han caído sobre el Pulgoso a
horas inusuales para el combate, pillándolo dormido o en plena juerga. La fama
de este grupo de desencajados se ha extendido en el norte y la gente ya le ha
puesto el mote de “los búhos”, por su extraña propensión nocturna. ¡Que el
Señor nos libre de esta hechicería!
Luego
de soportar tremendos golpes, los vikingos pasaron a la ofensiva causando
estragos al Pulgoso, cuyo paradero se ignora. También se rumorea que su
lugarteniente (un hombre inusualmente sereno llamado Jony) ha sido herido en el
trasero con verdadera saña, por lo que los médicos le han aconsejado baños de
malva y compresas de nieve para desinflamar la zona pudenda y superar tan
incómoda indisposición.
Pero lo peor es un loco que ha venido en las filas del
Pulgoso, que repitiendo una extraña letanía se lo ve bailando hasta la
madrugada mientras repite algo así como ¡Salta, Salta, Salta sin parar! Lo llaman
“Costita” aunque nadie sabe el origen de tal mote.
Como
ya os habréis dado cuenta, mi Señor, las cosas han pasado a mayores. Días atrás
hemos sabido de tremendos combates librados en las tierras al sur de la gran
isla. En la planicie de Sønderborg bajo el mando del duque Blizz y el Jarl
Jaime se alinearon los ejércitos del joven earl Klemente “el descarriado”,
Valky la Roja, el duque Max –apodado “Bob Canabis”– y nada menos que el
mariscal David (el único de todos ellos que se baña). La violencia de la carga
fue tal, que las tropas del Pulgoso se vieron arrasadas en sus propios bosques
y empujadas a levante. A medida que las llamas hacían arder los añosos árboles,
el fuego fundía sus colores con el del crepúsculo, tiñendo de sangre el cielo
de la tarde.
Desde
aquella infausta jornada, los vikingos parecen haber conjurado la ofensiva. Se
suceden los combates a diario y todo el norte está en vilo esperando el desenlace
de la confrontación. Pronto se acabarán nuestras reservas y el hambre acechara nuestros umbrales.
Rezad
por nosotros y que Dios os guarde.

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